El pasado día 9 de enero intervine en el programa «Malas Lenguas» de RTVE... y pasó algo desagradable.

Me habían llamado ese mismo día por la mañana, a las 11:00, para preguntarme si podríamos grabar de forma inmediata una entrevista. Les expliqué que tenía una mañana complicada y que no iba a ser posible, pero me insistieron y, al final, acepté forzar mi agenda para hacerme un hueco de 15 minutos para atender su petición a las 14:00. Para mi, supuso un esfuerzo importante pero realizado muy a gusto, ya que íbamos a hablar de la baliza V16, un tema realmente preocupante para nuestra seguridad vial. La entrevista consistió en cuatro preguntas relacionadas única y exclusivamente con el periodo de gracia sin sanciones para quienes no dispusieran en su vehículo de una baliza V16, algo que anunció el ministro Marlaska en rueda de prensa el pasado 8 de enero.

En mis respuestas, insistí en todas ellas en que el tema de las sanciones era algo irrelevante frente al hecho de que nuestra seguridad estuviera en juego, cosa esta última que sí era realmente importante. Comenté que el ciudadano no tenía claro cómo gestionar su seguridad y también reclamé que se nos impartiera formación en esa materia, máxime cuando la administración trasladaba al usuario la responsabilidad de decidir si salir, o no, del coche ante una eventual necesidad de detenerse en la carretera.

En algún momento recordé que todo en torno al asunto de la baliza V16 había sido un constante decir y desdecir. Se nos había dicho que morían 25 personas al año colocando los triángulos, pero luego se dijo que no era realmente así. Se nos había dicho que deberíamos permanecer dentro del coche, pero luego se reconoció que se debía salir si podíamos hacerlo con seguridad. Se nos había dicho que los triángulos quedarían prohibidos, pero posteriormente fueron autorizados. De la misma forma, se nos había dicho que no había excusas para pedir un periodo de gracia, pero ahora hay periodo de gracia.

En todo momento intenté transmitir una idea básica refiriéndome a la Administración: «No nos importe si sanciona, o no. Que nos importe nuestra seguridad ¿Debe sancionar? Pues que lo haga ya. La Ley te obliga a sancionar, igual que a mi me obliga a aceptar la sanción aunque no me guste la norma» (más o menos, así lo dije en algún momento).

Unas horas después de la grabación vi el programa y comprobé que todo mi esfuerzo había quedado reducido a una contribución efectiva de unos pocos segundos. Es algo que pasa habitualmente y que se entiende perfectamente, ya que somos conscientes de que este tipo de entrevistas grabadas permite acumular un material que luego puede ser editado para adaptarse al tiempo disponible.

Sin embargo, lo que no me gustó nada fue que se hubiera «metido tijera» a la entrevista de tal forma que el contenido de mi mensaje desapareció. Toda mi intervención se condensó en cuatro frases aisladas y descontextualizadas que reproduzco literalmente:

  • «No puede ser un caramelo [el plazo de gracia] que nos den ahora para que no nos quejemos tanto.»
    Contexto: Explicando que nuestro problema real es la seguridad.
  • «Lo que habría que hacer es empezar a sancionar ya, y a nosotros nos han enseñado que tenemos que aceptar las normas tal como son.»
    Contexto: Explicando lo que impone la Ley.
  • «Realmente no lo tienen concretado [la duración del plazo de gracia]. Estamos en una especie de “a ver qué pasa”.»
    Contexto: Explicando que es una forma habitual de actuar la Administración, sin reflexión previa.
  • «Nadie tiene autoridad para decir que no se sancione por el incumplimiento de las normas.»
    Contexto: De nuevo, explicando que eso es lo que impone la Ley.

La verdad es que a mi no me habría molestado lo más mínimo que se hubiera interrumpido la entrevista a los cinco segundos de haber comenzado, es decir, en el preciso instante en el que mis respuestas podían haber sido ya percibidas como no adecuadas al tipo de información que buscaba el programa. Hubiera sido una postura honesta. Por el contrario, la actitud de dejar hablar para, al final, gestionar la información recopilada al libre albedrío de quien «mete la tijera» es inmoral y carente de respeto hacia una audiencia a la que se le priva de un mensaje que le podría haber resultado útil.

Creo hablar por boca de muchísimos técnicos en muy diversas materias si digo que, cuando un medio de comunicación nos llama, intentamos cuidar el mensaje que deseamos trasladar porque entendemos que se nos está brindando la valiosa oportunidad de transmitir información y opiniones que nosotros consideramos importantes (en mi caso, esperando poder contribuir a la mejora de nuestra seguridad vial). No somos marionetas que se brindan a hablar el tiempo que haga falta para que alguien, con unos intereses específicos que no son los de transmitir la mejor información, seleccione de forma aislada palabras y frases inconexas y fuera de contexto.

Hace ya más de quince años viví una experiencia desagradable en un plató de otra televisión pública. Me llamaron para hacer una entrevista pero la realidad fue que me sentaron en medio de una tertulia de «todólogos» en la que el problema de los accidentes de tráfico fue abordado de forma frívola, con comentarios que -pretendiendo ser graciosos- resultaron bastante desafortunados. Le escribí al director de la cadena y le expliqué lo sucedido, a lo que me respondió que había visionado el programa y que estaba totalmente de acuerdo con mis apreciaciones, garantizándome que adoptaría medidas para que eso no se repitiera.

Y me consta que así lo hizo,... pero eran otros tiempos.